Yōkai: las criaturas que Japón sigue viendo de reojo

Kappa, kitsune, tengu y otras once criaturas del folclore japonés que nunca se retiraron del todo: siguen en los santuarios, en los ríos y hasta en carteles oficiales. En el reto de hoy aprendes a reconocerlas por sus señas y sus manías. Juega primero sin ayuda, que ahí está la gracia.

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La primera vez que vi una estatua de tanuki en la puerta de un izakaya pensé que era decoración. Error. Era un vecino más del barrio, con su trabajo asignado: atraer clientes y fortuna.

Así funcionan los yōkai en Japón, criaturas del folclore que nunca se retiraron del todo.

Siguen en los santuarios, en los cuentos que los abuelos usan para que los niños no se acerquen solos al río y hasta en carteles oficiales, como se vio en 2020.

Estas son las veinticuatro criaturas del reto. Cada una trae su seña de identidad, un poco de historia y dónde encontrarla hoy, porque casi todas siguen a la vista si sabes mirar.

Mi consejo: juega primero y lee después. Se aprende más fallando una pregunta sobre el kappa que leyendo tres párrafos sobre él.

El bestiario de un vistazo

Veinticuatro criaturas, cada una con su seña inconfundible y su regla propia. Antes de entrar en las historias, aquí van todas juntas.

YōkaiCómo reconocerloSu regla o debilidad
KappaPlato de agua en la cabeza, pico y caparazónSi el plato se vacía pierde su fuerza; conviene hacerle una reverencia para que la devuelva
KitsuneZorro mágico de varias colasCon nueve colas alcanza su máximo poder; es el mensajero del dios Inari
Tanuki (bake-danuki)Perro mapache transformista de panza redondaSus estatuas panzonas en las puertas de tiendas y bares atraen fortuna
TenguNariz larga, cara roja y abanicoAntaño temido como secuestrador; hoy protege los senderos del monte Takao
OniOgro rojo con maza de hierroEn Setsubun se le expulsa de casa lanzándole frijoles de soya
Yuki-onnaLa mujer de las nieves, bella y gélidaCongela a los viajeros perdidos, salvo a quien le gusta
Kasa-obakeParaguas viejo de un ojo y una pataEjemplo clásico de objeto que cobra vida al cumplir cien años
RokurokubiDe noche su cuello se estira sin finMuchas no saben que lo son: su cuello pasea mientras duermen
Zashiki-warashiEspíritu infantil que da suerteSi se marcha, la fortuna de la familia se va con él; hay posadas que presumen de tener uno
AmabieSer marino con pico y pelo largoProtege de epidemias; su dibujo se volvió viral en 2020 como amuleto contra la pandemia
NurikabePared invisible que corta el pasoGolpearla por abajo con un palo la hace desaparecer
KodamaEspíritu de los árboles viejosEl eco de la montaña es su voz; talar su árbol trae desgracia
TsukumogamiObjetos cotidianos con vida propiaCobran vida a los 100 años; por eso conviene tratar bien las cosas viejas
UmibōzuGigante que emerge del marLa única defensa es darle un barril sin fondo para confundirlo
NueQuimera con cara de mono y cola de serpienteAtormentó al emperador Konoe en 1153 hasta que el arquero Yorimasa la derribó de una nube negra
JorōgumoAraña que se convierte en mujer seductoraEn la cascada de Jōren ató los pies de un hombre con sus hilos; a los 400 años la araña gana poderes
KamaitachiComadreja del remolino con garras como hocesAtacan de a tres: una derriba, otra corta y la tercera aplica un ungüento que cierra las heridas
Ittan-momenRollo de tela de algodón que vuela de nocheMide unos 10 metros y ataca envolviendo cara y cuello; Shigeru Mizuki lo hizo famoso en GeGeGe no Kitarō
AkanameEl que lame la mugre de los baños suciosEl miedo a su visita nocturna animaba a fregar el baño; Sekien lo dibujó en 1776 con su larga lengua
BakuDevorador de pesadillas con trompa de elefanteSe le llama tres veces tras un mal sueño, pero si queda con hambre puede comerse tus esperanzas
Futakuchi-onnaMujer con una segunda boca en la nucaCastigo de esposas de avaros: la boca oculta exige comida y come el doble usando el pelo como brazos
NurarihyonAnciano que entra a tu casa y bebe tu téNadie se atreve a echarlo porque parece el dueño de la casa; lo apodan comandante supremo de los yōkai
Betobeto-sanPasos invisibles que te siguen de nocheBasta apartarse y decirle "pase usted primero" para que sus pasos se adelanten y dejen de seguirte
Konaki-jijiViejo que llora como bebé para que lo carguenCuando alguien lo levanta se vuelve pesado como una roca y aplasta al que quiso ayudarlo

Criaturas de agua y de mar

El agua en Japón siempre tuvo dueños. Estos son los más famosos.

Kappa: el del plato de agua en la cabeza

Se reconoce al instante: tamaño de niño, pico y caparazón de tortuga, y un plato con agua en la coronilla. Ese plato es todo su poder.

Si se vacía, el kappa pierde su fuerza. Por eso conviene hacerle una reverencia:

  1. La cortesía le obliga a devolverla.
  2. El agua se derrama.
  3. Tú sales corriendo.

En Tōno, al norte del país, todavía hay pozas con carteles que avisan de su presencia. Hasta el sushi de pepino lleva su nombre, kappamaki, porque dicen que es su comida favorita.

Umibōzu: el gigante que emerge del mar

Los marineros de la era Edo le tenían pánico. En noches de calma chicha, una cabeza negra y rapada, enorme como un templo, surge del agua junto al barco. No hay arma que le haga nada.

La única defensa, cuentan, es entregarle un barril sin fondo: el gigante se entretiene intentando llenarlo y la tripulación escapa remando.

Hoy sobrevive en los grabados ukiyo-e, donde sigue dando el mismo miedo que hace dos siglos.

Amabie: la sirena que ahuyenta epidemias

Un ser marino con pico de ave y el pelo hasta la cintura que, según un grabado del siglo XIX, salió del mar en la actual Kumamoto con un mensaje: si llega una epidemia, dibujen mi imagen y muéstrenla.

Nadie le hizo demasiado caso durante más de un siglo, hasta que en 2020 su dibujo se volvió viral como amuleto contra la pandemia. De pronto estaba en redes sociales y hasta en campañas oficiales.

El regreso más inesperado de todo el catálogo.

Jorōgumo: la araña de la cascada

De lejos parece una mujer seductora. Debajo del disfraz hay una araña, y el folclore de Izu la sitúa en la cascada de Jōren, donde ató los pies de un hombre con sus hilos.

Su otra clave es la edad: al cumplir 400 años, la araña gana poderes. Si en Shizuoka una desconocida te invita a acercarte al agua, ya sabes el protocolo.

Los del monte y la nieve

Tengu: nariz larga y abanico de plumas

Cara roja, nariz desproporcionada y un abanico capaz de levantar vendavales. Durante siglos fue de los seres más temidos del monte: cuando un niño desaparecía, se decía que lo había raptado el tengu.

Con el tiempo se ganó otro papel, el de guardián severo de las montañas sagradas. Hoy protege los senderos del monte Takao, a las afueras de Tokio, donde sus estatuas vigilan a los excursionistas.

Si subes un fin de semana, verás a más gente haciéndoles fotos que rezando.

Kodama: la voz de los árboles viejos

No tiene forma fija. A veces es una luz entre las ramas, a veces nada visible. El kodama habita los árboles más ancianos del bosque, y el eco de la montaña es su voz respondiendo.

Talar su árbol trae desgracia, así que los troncos habitados se marcan con una cuerda sagrada para que nadie se equivoque.

Si viste esas criaturitas blancas de cabeza traqueteante en La princesa Mononoke, ya conoces su versión moderna.

Yuki-onna: la mujer de las nieves

Aparece en plena ventisca: piel blanquísima, kimono claro, una belleza que corta como el frío. Los viajeros perdidos que se cruzan con ella acaban congelados... salvo aquel que le gusta.

En la versión más contada perdona a un joven leñador a cambio de su silencio, se casa con él bajo otra identidad y desaparece años después, cuando él rompe la promesa.

Como historia de amor es terrible. Como cuento de invierno, de lo mejor que ha dado Japón.

Kamaitachi: la comadreja del remolino

Llega con el viento y tiene garras como hoces. En el folclore de Kōshin'etsu nunca trabaja sola: atacan de a tres.

El reparto es quirúrgico: una comadreja derriba al caminante, otra corta con sus garras y la tercera aplica un ungüento que cierra las heridas. Un asalto completo en tres actos.

Oni: el ogro de la maza de hierro

Piel roja, cuernos, colmillos y una maza de hierro con pinchos. El oni es el villano clásico de los cuentos japoneses, el que espera al héroe al final del viaje.

Pero su cita más importante es doméstica: cada año, en la fiesta de Setsubun, las familias lo expulsan de casa lanzándole frijoles de soya al grito de "fuera los demonios, que entre la fortuna".

En muchas casas es el padre quien se pone la máscara y recibe los frijolazos de sus hijos. Tradición y desahogo familiar en un solo gesto.

Los cambiaformas

Dos maestros del disfraz se disputan el título de embaucador mayor de Japón. Cada uno con su estilo.

Kitsune: el zorro de las nueve colas

Al zorro japonés los siglos le sientan bien: con la edad gana colas y poderes, y al llegar a nueve alcanza su máximo poder.

Puede adoptar forma humana, casi siempre de mujer hermosa, y hay cuentos de matrimonios que duran años enteros hasta que al zorro se le escapa la cola.

Su otra cara es respetable: es el mensajero del dios Inari, patrón del arroz y las cosechas. Por eso los santuarios Inari, con Fushimi Inari en Kioto a la cabeza, están custodiados por zorros de piedra y no por leones.

Tanuki: el perro mapache transformista

El bake-danuki es el bromista del folclore: se transforma en tetera, en monje o en piedra del camino, más por diversión que por maldad. Al kitsune se le teme; al tanuki se le sonríe.

Su versión más visible es la estatua panzona de cerámica que espera en las puertas de tiendas y bares para atraer fortuna, con su sombrero de paja y su botella de sake. La mayoría sale de los hornos de Shigaraki, cerca de Kioto.

Cuando empieces a fijarte, los verás en todas partes.

Los de la casa y del camino

Zashiki-warashi: el niño que trae suerte

Un espíritu infantil que vive en las habitaciones de tatami de las casas antiguas. No asusta: da suerte.

La condición es tratarlo bien, porque si se marcha, la fortuna de la familia se va con él.

En el norte de Japón hay posadas que presumen de tener uno, y conseguir habitación en la habitación "habitada" puede llevar meses de espera.

Rokurokubi: el cuello que pasea de noche

De día, una mujer corriente. De noche, su cuello se estira sin fin y la cabeza sale a recorrer la casa, a beber el aceite de las lámparas o simplemente a mirar.

El detalle más inquietante es que muchas ni siquiera saben que lo son: su cuello pasea mientras duermen y amanecen agotadas sin explicación.

Los ilustradores de la era Edo la adoraban, y viendo el material no cuesta entender por qué.

Nurikabe: la pared que no está ahí

Vas caminando de noche por una ruta conocida y, de golpe, no puedes avanzar. No hay nada visible, pero algo corta el paso.

Eso es el nurikabe, una pared invisible que se planta delante del caminante. Rodearla no sirve porque se estira.

El remedio es muy concreto: golpearla por abajo con un palo la hace desaparecer. Por arriba no funciona. Un yōkai que viene con manual de instrucciones incluido.

Baku: el devorador de pesadillas

Con su trompa de elefante, el baku ofrece un servicio único: comerse los malos sueños. El método circula en el folclore desde la era Muromachi: tras una pesadilla, se le llama tres veces.

Ojo con la letra pequeña. Si el baku queda con hambre, puede seguir comiendo y llevarse también tus esperanzas. Conviene reservarlo para las pesadillas de verdad.

Nurarihyon: el invitado que nadie invitó

Un anciano entra en tu casa, se acomoda y bebe tu té. Nadie se atreve a echarlo porque parece el dueño de la casa.

Ese descaro tiene rango: lo apodan comandante supremo de los yōkai. Lo documentan desde los dibujos de Sekien hasta el folclore de la era Shōwa.

Objetos que despiertan

Tsukumogami: cosas viejas con vida propia

Aquí está la idea madre de medio bestiario: los objetos que cumplen 100 años cobran vida y se convierten en tsukumogami. Sandalias, espejos, instrumentos musicales, lo que sea.

Si fueron bien cuidados, despiertan tranquilos; si fueron maltratados o tirados sin ceremonia, vuelven con rencor.

De ahí la costumbre, todavía viva, de tratar bien las cosas viejas y de llevar agujas o muñecas a los templos para despedirlas como corresponde. Por si acaso.

Kasa-obake: el paraguas de un ojo y una pata

El tsukumogami más famoso de todos. Un paraguas viejo que un día abre un ojo enorme, saca una lengua larguísima y se pone a dar saltos sobre su única pata.

Es el ejemplo clásico de objeto que cobra vida al cumplir cien años, y por eso suele ser el primer yōkai que dibujan los niños japoneses. Más simpático que terrorífico, la verdad.

Dudas que surgen siempre

¿Los yōkai son fantasmas?

No exactamente. Los fantasmas japoneses (yūrei) son espíritus de personas muertas con cuentas pendientes. Los yōkai son otra cosa: criaturas y fenómenos con vida propia, del zorro cambiaformas a la pared invisible.

Un yūrei te persigue por algo personal; el yōkai estaba ahí mucho antes de que llegaras tú.

¿Dónde se pueden "ver" yōkai viajando por Japón?

En más sitios de los que parece. Tōno, en la prefectura de Iwate, es territorio kappa. El monte Takao tiene sus tengu y Fushimi Inari sus zorros.

Y en Sakaiminato, la ciudad natal del dibujante Shigeru Mizuki, hay una calle entera con estatuas de bronce de yōkai. Para un viajero curioso da para armar una ruta completa.

¿Por qué hay tantos objetos convertidos en yōkai?

Por la idea del tsukumogami: un objeto que llega a los 100 años de uso cobra vida.

Es una forma elegante de enseñar respeto por las cosas, y explica desde el kasa-obake hasta la costumbre de despedir agujas y muñecas viejas en los templos en lugar de tirarlas a la basura.

¿Hay yōkai buenos o todos dan miedo?

Hay de todo. El zashiki-warashi trae suerte a la casa que lo acoge y la amabie protege de las epidemias. El tanuki es más payaso que peligroso.

Y luego están la yuki-onna o el umibōzu, con los que mejor no cruzarse. El bestiario japonés cubre el espectro completo, del amuleto a la pesadilla.

Cuando domines este bestiario, sigue con el reto diario, ponte a prueba con las leyendas japonesas o cambia de registro con los festivales.